Pieles del mundo
La mirada funda la imagen. Esta serie se sitúa en el instante en que el detalle trasciende su función para adueñarse de la escena. No hay registro del objeto, sino la revelación de una presencia absoluta. La lente aísla la textura hasta desdibujar la identidad original de lo fotografiado, dando paso a un registro que se sostiene por sí mismo.
El artista opera por exclusión. Al fijar el encuadre en un fragmento, como la curva de un pétalo o la aspereza de la sal, el fotógrafo rompe el automatismo cotidiano. Lo invisible cobra una escala monumental. La imagen no describe la vida: la cuestiona. Expone una topografía de silencios y tramas oculta en el envés de lo visible, donde el detalle alcanza la totalidad.
La obra es el acta de la percepción en estado puro. Una liturgia donde la profundidad se manifiesta a través de esa escala mínima que se expande hacia el infinito.
Estrías
Esto no es una gamba
No se puede repicar y andar en la procesion