Entre el noray y el mar
La mirada desplaza el plano. Frente a la inercia de lo reconocible, donde el paisaje marino queda reducido a escenario doméstico, la imagen aquí se articula desde la extrañeza. El muelle deja de ser infraestructura de paso para revelar una topografía de elementos ajenos, restos y engranajes que el hábito suele omitir.
Esta serie habita la periferia de la atención. No existe voluntad descriptiva ni afán por el horizonte. El encuadre se detiene en la capacidad de la visión para subvertir lo cotidiano. En ese intervalo, el objeto residual y el vestigio estructural cobran una entidad monumental que quiebra el recorrido previsible de la retina.
La fotografía opera como ruptura. Es el registro del instante preciso en el que el paisaje se despoja de su condición de fondo para integrarse en la materia que lo sostiene. Una reorganización del campo visual donde lo inadvertido toma la palabra.
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