Bio
El arte evita que la vida derive en un ejercicio burocrático. Ver lo que tenemos delante exige antes asimilar lo que se lleva dentro; conocer implica saborear. Mi fotografía no funciona como registro: es la decantación de un proceso de maduración heterogéneo, en el que la imagen actúa como bisturí y corta la realidad para establecer nuevas jerarquías de sentido.
La trayectoria se ha construido por estratos de rigor. En la publicidad, la imagen se revela como enunciado de poder y como lenguaje. En España, entre el silencio y la disciplina de las cocinas con tres estrellas Michelin, el aprendizaje se centra en el respeto por la materia y por la composición.
Como sumiller y presidente de la Asociación Brasileña de Sommeliers, se afina la percepción sensorial y el tiempo se revela como el director invisible de toda creación.
Nada de ello fue un desvío: son acumulaciones necesarias. La fotografía aparece como punto de convergencia, donde traumas, victorias y años de estudio se transforman en narrativas etéreas, en tensión entre lo ligero y lo denso.
La obra descarta el azar amateur. Cada acto es deliberado, altera la percepción común y se fija como memoria. No se trata de tomar fotografías: se trata de situar el propio ser ante el mundo.
La mejor fotografía será siempre la siguiente.