Aceite de ballena
En la Iglesia de Nossa Senhora da Vera Cruz, erigida en 1551 sobre las arenas de Itaparica, el tiempo se fija en la materia. Permanece adherido a los muros, activo en la persistencia del aceite que emerge de sus grietas.
La argamasa de piedra y cal cedió. El aceite, no. No como resto, sino como aquello que continúa sosteniendo cuando todo lo demás ha dejado de hacerlo.
Los muros ya no delimitan un espacio. Funcionan como superficie de inscripción. En ellos, el tiempo no se representa: actúa.
Las imágenes no buscan explicar ni reconstruir. Se sitúan en esa zona de actividad, donde la materia deja de ser soporte y pasa a operar como evidencia.
El aceite no comparece como vestigio. Permanece como presencia.
Persistencia
Persistencia
En lo más adentro
En lo más adentro